La cápsula del tiempo de Gilgamesh
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No sólo estaba a punto de volver a escribir, sino que abrí sin querer una puerta, más bien un cofre, más bien una cápsula del tiempo.
Aquí escondidos en privado, estaban todos mis blogs anteriores, casi todo lo que escribí desde el 2008 hasta el 2014.
Palabra tras palabra me lei. Lei todos los comentarios que me escribían, lo que yo respondía.
Me tomé toda una mañana para leer esa historia como si fuera el blog de alguien más, porque más alla de la manera de escribir, ante los ojos que me leen hoy, soy una completa extraña.
Recuerdo muy poco de lo que contaba, me sorprenden ciertas maneras de pensar que tenía y un poco me divierte, un poco no me banco... pero me leo con ternura y agradezco tanto tener registrados todos los días de mi embarazo, todo lo que sentí y todo lo que me pasó. Como si hubiese encontrado esos cuadernos viejos que tiré, volví a percibir una parte de mi que estaba completamente dormida.
Veo con mucho asombro todos los comentarios e intento recordar quiénes eran esas personas que me acompañaron tanto, con las que compartimos tanto. Sin embargo no se quiénes son, no se quién era esa yo, es como ser testigo de algo que resuena muy muy lejos en lo profundo.
Todo lo que recuerdo hoy de esa época está detrás de un velo, transformado, casi irreal. Pero ahora tengo una prueba de que realmente existió.
Y es tan importante para mí porque este desapego que me acompaña desde que soy chica, (gracias a la manera algo nómade de vivir sin casa estable) sólo me dejo con los recuerdos. Yo no tengo casi nada de mi infancia, nada quedó. Nada queda nunca, siempre necesité ir liviana, siempre descarto y vuelvo a empezar.
Desde ese día de 1998 sobre el ómnibus rumbo a Colonia, con destino final Buenos aires.
Desde la terminal de Tres Cruces, subimos todo lo que nos quedaba a la bodega.
Me senté entre la ventanilla y mi abuela, tenía 12 años y el pecho lleno de ilusión, de esperanza. Despedía mental y visualmente esas veredas montevideanas, las casas, las ventanas, todo lo que conocía hasta entonces, y soñaba con una nueva vida en Argentina.
Me acuerdo de repetir mentalmente, muchas veces, como un mantra "empezar de cero, empezar de cero"
siento frescura en esa frase, siento alivio, como si tuviera encriptado un mensaje de fé.
Cuando giré a mi derecha, vi a mi abuela llorando. Me dio bronca que arruine tan preciado momento con su sensiblería y no le dije nada. Pero hoy lo entiendo: murió tu mamá, tu hija anda quién sabe dónde, estas criando a tu nieta, dejaste todo atrás por una vida mejor, no hay ni una sola seguridad de que algo salga bien, más bien lo contrario, pero ahi vas.
Hoy agradezco la valentía de ambas y todo lo que siguió a partir de ahi. En todo caso quería contar que siempre me gustó empezar de cero. Tendría que sacar la cuenta pero desde que naci viví en más de 25 casas, departamentos, pensiones, hasta ahora.
Tal vez esta sea mi casa definitiva. Lo cierto es que ni siquiera es mía pero la habito con consciencia, y por primera vez siento que es mi refugio real. Esta tierra me la gané.
La casa es de mi compa, pero la tierra es mi raíz. Y si más adelante me vuelvo a mover se que dejé aquí todas mis mejores semillas.
No necesito tener nada en esta vida porque nunca lo tuve y sin embargo, siempre lo tuve todo.
En fin, cada mudanza era una limpieza espiritual para mi.
Una capa que dejé y una nueva piel que comencé a habitar.
Una nueva oportunidad de comenzar, de ser una versión mas fiel a mi misma.
Por lo que todos los cuadernos que alguna vez escribí ya no los tengo. Y todas aquellas cosas que tuvieron las versiones anteriores de mi, hoy no las tengo.
Asi de hermoso fue encontrar esta versión virtual de mi. Algo quedó.
Un motivo más para seguir sosteniendo este espacio y algo que también despierta este pensamiento:
Tal vez el mensaje en la botella sea simplemente para mi. Quizás la única persona que quiero que encuentre estas palabras sea una versión más evolucionada de mi misma.
Para cerrar dejo registrado esto que me ronda por la mente hoy jueves:
Ya no tengo que vivir ninguna experiencia que no necesite.
Ese pensamiento también me transmite algo de fé.
Bye
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